Extraordinario partido del Real Madrid, pero sin suerte. El Barcelona vio cómo le igualaba un 2-0 y acabó presa del pánico. Lo peor fue el árbitro.
El mejor Real Madrid de los últimos diez Clásicos perdió pero mereció ganar. Su partido fue tan grande que, a pesar de la eliminación en la Copa, rescata el orgullo del madridismo y le envía un mensaje de esperanza, pues confirma que la excelencia del Barcelona se combate con excelencia, no con fuego de morteros. Falló la suerte, es verdad, y sobró el único pedazo de Messi que se asomó al campo, bastante para fabricar el primer gol del Barça, aquella pista falsa.
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